30 de noviembre de 2006
Hoy me ha llamado mi amigo y compañero de colegio y de Graduado escolar Jordi Dam. Pertenecimos a la élite del Centro Piloto: Jordi, Ángel, José Miguel y servidora. Servidora se enamoró de José Miguel, como la mayoría de jovencitas del Centro, y como servidora no se dejaba meter mano ¡Santa inociencia! José Miguel pasó olimpicamente de servidora ¡Servidora era muy pánfila por aquella época, y lo sigue siendo en cierto modo! Jordi y Ángel iban en silla de ruedas, Jordi aun va, Ángel murió no se sabe bien de qué. José Miguel desertó del grupo de élite del Centro dos o tres meses antes del examen para dedicarse a la venta del cuponcito, loable y nada criticable decisión pero perfectamente aplazable, según mi opinión. Quedamos Jordi Ángel y servidora, servidora hasta lo ovarios de sus compañeros y sus bromitas espasmódicas, los espamos iban a las partes de servidora ¡Cosas de adolescentes! El pobre Sr. Màs, un gran y exigente profesor de matemáticas y pedagogo para el que un seis era un suspenso, no quería presentar a servidora al examen, dicía que no estaba suficientemente preparada. Llegó el huracan Hera y le dijo: “¡Ustted presente a Rosa que si suspende sabrá lo que es suspender” El pobre Sr. Màs, director pedagogico del Centro, no le quedó otro remedio que presentar a los tres jinetes del apocalipsis ya que el cuarto había abandonado el barco por el camino. El examen en el Centro fue titánico, casi 24 horas sin salir, teníamos que acabarlo antes de las doce de la noche. El Sr. Vilà y Marta Colomer nos tiraban agua por la espalda y la cabeza para que el sueño, el cansancio y el calor no nos vencieran. Acabamos a tiempo y sacamos las mejores notas de la provincia de Barcelona. Jordi y servidora los dos únicos notables, Ángel un bien, de los pocos bienes que hubo. Me parece que el pobre Sr. Mas, que en paz desxanse, corrigió antes el examen de matematoicas que el trubunal y nos puntuó más bajo ¡El Sr. Más era así! Hubiera sido un perfecto tutor británico, sentado delante en la ambulancia que nos llebaba a casa cada día con su sombrero y su abrigo gris. Su esposa, la Sra Màs, también trabajaba en el Centro y nunca lo llamo por su nombre de pila, Josep, ni él a ella, Maria. Si se cruzaban por los pasillos se saludaban como Sr. Màs y Sra. Màs ¡Sólo podía ser un matrimonio catalán o británico! El gran corazón del Sr. Màs se paró un mes de agosto en la terraza de su apartamento de Sant Feliu, me lo dijo Jordi en la targeta que me mandaba cada año por mi santo. Tiempo después también se paró el corazón de otro Josep, Josep Vilà, que tomó el relevo del Sr. Más. Marta Colomer, salió de estampida del gueto del Centro, se metió en política y trepó, llegó alto, se olvidó de sus alumnos cuando les hacía falta. ¡Hace tiempo que no sé de ella! De los tres que nos presentamos a ese examen, servidora es la única universitaria y la única que sigue en activo, Jordi se apalancó en su casa primero, luego en Alella, donde llevaba la contabilidad y ahora está en un centro de día. Jordi: ¡El mundo ha perdido a un gran matemático o investigador! De José Miguel sé que ya está jubilado y que tiene algún que otro problema de copas ¡Siempre ha sido un vividor y ha disfrutado de la vida a su manera! ¡No sé donde poner los pùntos y a parte en este latgo párrafo! Con nuestra partida empezo la decadencia del imperio del Centro, se estancó y dejó de ser un Centro de vanguardia, según mi humilde y siempre crítica opinión ¡Ay, los recuerdos!
Jordi me ha llamado por dos cosas, para decirme que lee esta chorrada y decirme que ha recibido la revista de ASPACE, oficialmente independiente, en la que se ha publicado mi artículo sobre la China y que le ha gustado. ¡Gracias Jordi por estar siempre ahí!
Margaret me ha escito para decirme que hable de mi viaje a Grecia. Prometo hacerlo ¡Pero, jo, no me eches Bronca!
He vuelto a la facultad y estoy mejor. No sé si ha sido el maseje de Ana o la clase de JR o la convinación de ambas cosas, pero estoy más tranquila.
Buenas noches y buena suerte.
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