¡Hola gente!
Acá no salés del hospital si no pagas y te hacen falta cincuenta timbres para el alta. Además te lo cobran todo, bendas, algodón, guantes, esparadrapo, medicación y por supuesto, la comida y la cama del acompañante, El seguro no lo cubrió todo, si el monto final fue por valor de tres meses de mi sueldo íntegro, el seguro cubrió no llegó a un mes de mi sueldo, el resto lo puso, a golpe de chequera, El Huracán. ¡Adios a cualquier proyecto de vacaciones o de gasto no necesario! Fue un continuo ir y venir por el hospital ¡Menos mal que ordené la comida!
La salida del hospital estuvo dentro de la normalidad. Primero me pusieron una lavativa, no pude ir de vientre desde el jueves, la cosa esta hizo efecto pude hacer mis necesidades desde el excusado con un silla con un agujero para estos menesteres, cuando estuve lista, me ducharon en la ducha por primera vez encuatro días, creo que todos los camilleros del hospital me han visto la pompa, vino la Dra. Laredo, que cada día me dijo que era su mejor paciente española y nos despedimos, vino el médico, me destapó la patita, dijo que quería verme en diez días y ví mi pie horriblemente hinchado y deforme por el tobillo ¡No sé si me podré volver a poner mis zapatos! Me vistió Hera, no una enfermera, supongo que Hera pensó que así acabaríamos antes, el camillero me sentó en la silla y me llevó a la puerta principal donde aguardaba en coche de El Huracán, me montó en el asiento trasero, El Huracán conducía, Hera de copiloto y La Historiadora detrás conmigo agarrándome, casi una hora de camino, DF colapsado, El Huracán nervisito y llegamos a casa donde no había silla de ruedas. Sacaron una silla de la casa, bajé del coche como pude con ayuda de El Vecino, me senté y El Huracán y El Vecino intentarón arrastrarme, bueno levantarme, hasta la casa. El Huracán tuvo un accidente casero, hace años, que le dejó el brazo izquierdo casi sin fuerza, con lo cual para él fue un esfuerzo muy grande. Hera propuso que Jose ayudara y con la media aprovación de El Huracán Jose ayudó para salvar los primeros dos escaloncitos de entrada a la casa, yo, oficialmente, tenía que instalarme arriba pero como no puedo saltar a la pata coja y El Vecino ya no es un chamaquito, como dirían acá, pues se optó por dejarme momentaneamente, hasta que llegara el hijo de El Vecino, en el estudio. Atravesamos toda la planta baja con sus escaloncitos arriba y abajo, lo más lógico hubiera sido atravesar por la cocina, pero El Huracán, que es una buenísima persona, cuando está nervioso es mejor callarse y dejarlo hacer. Hubo un momento que estube a punto de echarme a llorar al ver el esfuerzo que estaban haciendo y que yo no podía hacer nada. Para mi asombro El Vecino se dió cuenta y me dijo algo así: “Rosi: Tu tienes que darnos fuerzas con tu pensamiento ¡Órale Rosi!” Al final llegamos al estudio, me sentaron en el sofá y no me moví de allí en toda la tarde, comieron tranquilos y Hera y la Historiadora se fueon a pajarear un rato y ha comprarme un vestido para estar por casa, cómodo, y un cargador para mi celular ya que el que traje de España no agarraba la corriente a pesar del convector de enchufe redondo a plano. Me pasé la tarde con las patitas en alto viendo películas mexicanas en blanco y negro. José venía de vez en cuando por si se me ofrecía algo.
El hijo del vecino no llegaba, llegaron Hera y La Historiadora con los encargos, casi a la hora de cenar, el hijo de El Vecino no llegaba y yo tenía que ir al baño que estaba a escasos tres metros del sofá. Intenté explicarles como podía llegar sin que ellas hicieran casi fuerza pero o no entendieron o no me expliqué bien, me puse nerviosa y les dejé hacer, yo con cara larga y ellas con cara de preocupación. Al final decidieron lo lógico y práctico, acondicionar un sofá del estudio como cama y que pasará allá la noche.
Buenas noches y buena suerte.
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